sábado, 23 de agosto de 2014

Tletepetl



Solía despertar deseando que llegara la noche para continuar soñando con tierras lejanas y exóticas donde vivir aventuras y encontrar tesoros.  Ahora no quiero que llegue el ocaso, que pase el tiempo. Me encuentro en uno de esos lugares y cada día descubro realidades.
Cada mañana pienso qué me deparará el día y cuantas adivinanzas tendré que resolver, porque aquí en Colima la sorpresa se esconde en cualquier rincón al que mires. Empezando a hacer girar los pedales de la bici pienso si sus señorías estarán dispuestas a dejarse ver hoy. Como guardianes de la ciudad no siempre se muestran visibles, pues en ocasiones necesitan esconderse cual cazador camuflado a la espera de  vislumbrar su presa.
Llevo dos meses aquí y todavía me asombro al verlos, aunque sea una pequeña parte de ello o una sombra que se intuye entre la bruma. Y si el manto de nubes los cubre no pasa nada, porque sé que están ahí y siento como una fuerza nace en mí, como si me mandasen su energía y su fuego.
Cuentan las gentes del lugar que a veces se enfadan y hacen temblar la tierra, o incluso escupen fuego. Yo sólo puedo pensar en un pequeño Monte del Destino que marca la vida de muchas personas. Ciudades enteras han desaparecido bajo sus hermanos, despertando por ello temor y respeto. Sin embargo, su poder de atracción hace superar todos los miedos y la vida continúa asentándose bajo su abrigo.


Sueño que voy hasta ellos e intento escalarlos. Imagino su interior como Verne imaginó su viaje al centro de la Tierra. Anhelo recorrer sus sendas y encontrarme muestras de una antigua civilización que vivió escondida en los misterios que guardan. Despiertan en mi una gran fascinación y atracción que obligan a buscarlos en cualquier remanso de espacio que dejan los edificios de esta pequeña jungla de casas de colores y templos. Que desatan mi imaginación e inspiran para escribir. Siempre soñé vivir en un lugar donde el encanto natural me envolviera. Ahora estoy a miles de millas de casa, rodeada de esa magia que desprenden y, aunque se hagan de rogar para verse, saben provocar una sonrisa cuando aparecen.

1 comentario:

  1. "Soy tierra, maíz, frijol y chile. Soy dadora de vida. Soy identidad, soy matriz.
    Sueñan mis hijos entre los bosques. Su lamento es aborígen. También ignoran su poder. Desatan guerras entre sí mismos y se ganan su respeto.
    Soy raíz. Soy sangre en el piso. Soy mirada bondadosa. Sobreviviente del yugo modernista...profundidad. Soy alma, color y esencia. Soy llama, amanecer, motivo, presencia. Soy Dioses, palacios y pirámides. Soy raza, planicie, nopal y territorio. Soy virtud". (De las nubes... o del suelo)

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